El vacío dejado por el Fonden

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10 de Septiembre de 2021

Por Jorge Fernández Méndez 

Estamos viviendo un mes de septiembre plagado de desastres naturales. Siguen las inundaciones en distintos puntos del país, con tragedias gravísimas como las de Tula, pero también con fuertes lluvias en todo el litoral del Pacífico, que no se recupera de los huracanes Nora y Grace, cuando ya se presenta otro huracán, Olaf, y siguen las secuelas del terremoto sufrido el martes pasado, sobre todo en Guerrero.

Como siempre, ha llegado en muchos puntos del país la ayuda vía el Plan DN-III del Ejército mexicano y en los litorales también del Plan Marina, pero son 16 los estados afectados por Nora y Grace que reclaman apoyos financieros y de otro tipo, y no les ha llegado nada. Guerrero vive una situación también muy difícil por el terremoto, y Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Baja California Sur la están viviendo por Olaf. En Oaxaca, el gobierno estatal pidió a la gente no transitar por las calles y menos aún por cañadas ante las fuertes lluvias que sufre el estado y que han dejado una larga estela de damnificados. Y según las víctimas de esta suma de tragedias, los apoyos no llegan.

Existe un reclamo cada día más generalizado de que debe regresar el Fondo Nacional para Desastres Naturales, (Fonden) que fue creado originalmente como un programa dentro del Ramo 23 del Presupuesto de Egresos de la Federación de 1996, y que comenzó a funcionar plenamente en 1999, cuando se emitieron sus primeras reglas de operación. El Fonden apoyaba a Estados y municipios afectados por desastres naturales casi en forma inmediata, con el suministro de comida o medicamentos, cubría, además, tareas de reconstrucción en viviendas y servicios públicos dañados por un siniestro. El Fonden funcionó con reconocida eficacia, casi siempre de la mano con el PLAN DN-III, hasta que el año pasado se decretó su desaparición.

El gobierno federal decidió que desapareciera y que cada dependencia federal, con su propia capacidad operativa y presupuestal, se hiciera cargo de las tareas relacionadas con su actividad ante los desastres. O sea, regresar a como estaban las cosas hasta que se creó el Fonden. Como dijimos cuando se tomó esa decisión, el año pasado, lo que ocurriría sería inevitable: más allá de la buena o mala voluntad política, las tramas burocráticas dificultarían la llegada de ayuda, y cada dependencia regatearía sus recursos. El gran mérito del Fonden era que desde allí se distribuían los recursos y la ayuda en forma centralizada e inmediata.

Ayer, el presidente López Obrador dijo que el Fonden fue desaparecido porque era un nido de corrupción. Puede ser, pero entonces lo que había que hacer era investigar la corrupción, y si existía denunciarla y castigarla, y permitir que una instancia que había demostrado su necesidad y eficacia siguiera funcionando.

Que sepamos no hay un sólo funcionario del pasado procesado por haber manejado mal los recursos del Fonden, que sí llegaban a tiempo a las zonas de desastres. Lo que sabemos es que hoy, por ejemplo, esa ayuda no ha llegado en forma oportuna a los 16 estados afectados por Nora y Grace. Muchos menos a los que sufrieron con el terremoto del martes o con las tormentas de las últimas horas. Hace un año en Tabasco, incluso en la propia tierra del presidente, Macuspana, cuando fuimos un mes después del inicio de las inundaciones, acompañando a elementos del Ejército mexicano, la gente decía que más allá de la ayuda militar y del gobierno estatal, los recursos que en el pasado le había llevado el Fonden, no les habían llegado.

Claro que llegan el Ejército o la CFE, pero la ayuda para la gente o los recursos para que comiencen a recuperarse de los daños los estados y municipios, no. Pareciera que lo que se quiere es que esa ayuda quede claro que viene del gobierno federal y de sus distintas dependencias, aunque tarde mucho más en llegar.

El desorden burocrático se exhibe en el caso de Tula, donde ha quedado claro que el hospital del IMSS no fue advertido del peligro de inundación, lo que llevó a la muerte de 15 pacientes, mientras tanto entre la Comisión Nacional del Agua, el gobierno de Hidalgo, el municipio de Tula y el área de protección civil del gobierno federal, nadie se hace responsable de lo sucedido.

Hay que insistir en un tema: si hubo corrupción en el Fonden, lo correcto era denunciarla y acabar con ella. Hay muchos programas en la actualidad en los que hay corrupción o sospechas de ella, por ejemplo, en los programas de apoyo social que distribuyen miles de millones de pesos, pero que no tienen todavía un padrón certificado de sus 18 millones de usuarios. Pero no por eso se deben desaparecer. El Fonden, es evidente, que debería haber sido preservado. Ahora que se está discutiendo el paquete económico para el año próximo, con sentido común y autocrítico, tendría que ser recuperado.

 11S: 20 AÑOS

Hace 20 años, con motivo de los ataques terroristas en Nueva York y Washington, el gobierno de México titubeó en su solidaridad con Estados Unidos y perdimos una oportunidad notable, que se había abierto meses, incluso días antes de los atentados, para profundizar nuestra principal alianza económica, política y social. Hoy sería una insensatez no aprovechar la coyuntura y el nuevo espacio que existe para hacerlo. Hay que tomar decisiones en migración, energía, T-MEC, política ambiental, y hacerlo bien.

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