Colosio y el asesino solitario 25 años después

Barra de Opinión,

22 de Marzo de 2019

Por Jorge Fernández Menéndez 

Si hay dos personajes en el gobierno federal que pueden contar su versión de la historia respecto al asesinato de Luis Donaldo Colosio son Alfonso Durazo, hoy secretario de Seguridad y hace 25 años secretario particular del candidato asesinado, y Marcelo Ebrard, el entonces principal operador del comisionado para la paz en Chiapas, el exregente de la ciudad, Manuel Camacho, quien durante aquellos asfixiantes tres primeros meses de 1994 se había convertido de facto en el principal opositor a la candidatura de Luis Donaldo

Se dijo en innumerables ocasiones que la bala que mató a Colosio también acabó con la carrera política de Camacho. Es una verdad, pero sólo a medias, pues Manuel perdió todas sus oportunidades entonces, pero pudo reconstruir, no tanto como lo ha hecho Ebrard, su carrera. Sin embargo, a diferencia del actual canciller, creo que Camacho nunca logró superar, en lo personal, aquel terrible trauma y, sobre todo, que se le acusara de haber “creado el clima” o haber estado detrás, de una u otra forma, injustamente, de aquella muerte que implicó una ruptura radical del sistema político mexicano.

 

En el caso de Durazo, el suyo fue un recorrido muy largo que lo terminó llevando con el paso de los años al equipo de López Obrador. Pero ese recorrido estuvo marcado, siempre, por el asesinato de su jefe. Las desavenencias de Durazo y otros integrantes del equipo de Colosio con el coordinador de campaña y a la postre candidato sustituto, Ernesto Zedillo, eran públicas, y después del asesinato la relación nunca se recuperó. Algunos se incorporaron al equipo de Zedillo, como Liébano Sáenz, y otros quedaron, en mayor o menor medida, en el ostracismo o se fueron, como Durazo, alejando cada vez más del mandatario.

 

Varios otros abonaron la tesis de que el crimen había sido tolerado por Camacho y/o por Carlos Salinas, y de ahí partieron muchas de las teorías de la conspiración que enarboló Pablo Chapa Bezanilla.

 

El fiscal del caso fue tan desastroso que su único “logro” consistió en acabar con la verosimilitud de cualquier prueba que fuera en sentido contrario a la versión original: la del asesino solitario.

 

Durazo nunca regresó al PRI. Fue parte del equipo de Vicente Fox, con el que terminó en muy malos términos, y con el tiempo apareció cada vez más cerca de López Obrador hasta llegar a la posición estratégica que hoy ocupa. Dice Alfonso, lo ha dicho siempre, que no cree en la teoría del asesino solitario. En realidad, el tema no pasa tanto, como intentó demostrarlo en su momento Chapa Bezanilla, que en el asesinato participara más de un tirador, sino en dilucidar, lo que no ha ocurrido en 25 años, quién estuvo detrás de la mano de Mario Aburto.

 

Hemos investigado ese caso durante años y creo que la reconstrucción de hechos que realizó Luis Raúl González Pérez se apega a lo sucedido, pero no termina de respondernos el porqué y el quiénes. Por supuesto que hubo un “clima político” que alimentó la posibilidad del crimen, en el que jugó un papel destacado el levantamiento zapatista; hubo graves errores de instrumentación en la seguridad del candidato, alimentadas, a su vez, en ocasiones por malas decisiones de Luis Donaldo; hubo diferencias políticas trascendentales entre los hombres claves de aquel proceso (Colosio, Salinas, Camacho, entre otros).

 

Pero sigo pensando, 25 años después y, sobre todo, analizando lo sucedido en este cuarto de siglo en términos de inseguridad y violencia, que la mano que estuvo detrás del arma de Aburto no fue tanto la de la política, sino la del narcotráfico. No hay pruebas concluyentes, pero sí indicios muy sólidos de por qué el crimen organizado podría haber ordenado el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Ya lo veremos con más detalle mañana.

 

 

 

¿ENGAÑAN AL PRESIDENTE?

 

Al desaseo con el que se procesa todo el tema de la refinería de Dos Bocas, a las contradicciones entre Hacienda y Energía, se suma ahora el descrédito de las cuatro empresas invitadas a la licitación para la construcción de la refinería, presentadas como ejemplo de “transparencia y ética” pese a sufrir graves acusaciones internacionales de corrupción y de estar, una de ellas, incluso asociada con Odebrecht y con procesos penales en Argentina que le tendrían que impedir cualquier participación. El problema no es que Rocío Nahle salga en su defensa, es que lleven al presidente López Obrador a hacerlo. ¿Alguien le informó al Presidente los antecedentes reales de esas empresas y el costo potencial de defenderlas?

 

Comentarios

Contenido Relacionado

25/04/2019 - 00:08

Por Enrique Aranda

17/04/2019 - 17:46

Por Enrique Aranda 

15/04/2019 - 20:45

Por Jorge Fernández Menéndez

11/04/2019 - 20:05

Por Pascal Beltrán del Rio 

El ejemplo del bloqueo de las vías del tren en Michoacán –que se prolongó del 15 de enero al 15 de febrero pasados– comienza a cundir por el país.

09/04/2019 - 16:01

Por Leo Zuckermann 

05/04/2019 - 22:17

Por Pascal Beltrán del Rio 

03/04/2019 - 20:29

Por Leo Zuckermann 

01/04/2019 - 20:34

Por Pascal Beltrán del Rio 

Parecería que apenas ayer se desarrollaban las campañas de 2018 y ya estamos de nuevo en una contienda electoral.

26/03/2019 - 17:07
Nunca más vigente la frase del clásico Juan Gabriel: “¡Pero qué necesidad..!”
25/03/2019 - 20:04

Por Leo Zuckermann