Un triunfo de la civilización

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25 de Febrero de 2019

Por Leo Zuckermann 

El jueves pasado recibimos una excelente noticia: todos los grupos parlamentarios del Senado llegaron a un acuerdo para votar, por unanimidad, una Guardia Nacional (GN) con mando civil. Se trata de un triunfo de la civilización.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), “civilización” tiene tres acepciones. El voto en el Senado aplica para cada una de ellas.

“Conjunto de costumbres, saberes y artes propio de una sociedad humana”. En este caso, estamos hablando de la civilización mexicana. Si algo hemos aprendido en 198 años como nación independiente es que los gobiernos civiles son mejores que los militares. El caótico siglo XIX estuvo dominado por dos presidentes militares: Antonio López de Santa Anna, quien fue un desastre, y Porfirio Díaz, quien se convirtió en un dictador.

Luego vino la Revolución y los generales que gobernaron, unos mejores que otros, hasta que Manuel Ávila Camacho les entregó el poder a los civiles en 1946. Desde entonces, México ha tenido presidentes civiles, unos mejores que otros. Pero, por fortuna, se fue imponiendo la muy saludable tradición de separar el poder militar del civil. Esto distinguió a México frente a las otras naciones de América Latina que, en el contexto de la Guerra Fría, se la pasaron gobernadas por cruentas dictaduras militares. El régimen priista tenía muchos vicios, pero una gran virtud: la prevalencia del poder civil sobre el militar.

Los civiles ciertamente utilizaron a los militares en labores que no les correspondían. Los enviaron a reprimir las manifestaciones estudiantiles y a combatir guerrillas y narcotraficantes. Ante la ola de inseguridad por la crisis económica de 1994, el presidente Zedillo comenzó a usar a los militares para la seguridad pública, cosa que fue profundizándose en los siguientes sexenios, hasta la actualidad en que el presidente López Obrador pretendía una Guardia Nacional militarizada.

Por fortuna, no será así. Tendremos un cuerpo policíaco civil. Aunque, también, de acuerdo a lo aprobado el jueves, el Presidente podrá utilizar a las Fuerzas Armadas para la seguridad pública por cinco años. Si el país se pacifica en ese lapso y se construye la nueva Guardia Nacional, los militares regresarán a sus cuarteles confirmando una de las mejores costumbres de la civilización mexicana.

La segunda acepción de civilización es “estado de progreso material, social, cultural y político de las sociedades más avanzadas”. Esta definición no es muy políticamente correcta que digamos. ¿Qué es una sociedad avanzada? ¿La inglesa o la bosquimana? Dejo a un lado este debate y defino a las sociedades políticamente más avanzadas como las que tienen una democracia liberal. Así lo pienso yo. Pues esas comunidades consideran que el poder debe estar a cargo de los civiles, incluso el que ejercen los militares. Hay países donde existen policías militarizadas, pero todas están bajo un mando civil. Hasta los ejércitos les responden a ministros civiles. No es el caso en México donde están bajo las órdenes de secretarios militares. Algún día, espero, cambie esto. Por lo pronto, es una buena noticia para una civilización democrática y liberal que la Guardia Nacional vaya a estar adscrita a la Secretaría de Seguridad Pública y no a la de Defensa Nacional como quería el Presidente. Dicha medida nos pone en un estadio político más avanzado.

Tercera acepción: “Acción y efecto de civilizar”. La etimología del verbo viene del adjetivo “civil” y del sufijo flexivo “izar”. “Civil” es un término que nació en la República Romana: el miembro de la ciudad o “ciudadano”. Hoy se usa para diferenciar a estos de los militares o religiosos. En este sentido, con lo aprobado por el Senado, se puede afirmar que se civilizó el mando de la Guardia Nacional, como se espera en una República democrática y liberal como la que aspiramos a mantener los mexicanos.

Felicidades a todos los que hicieron posible este triunfo de la civilización. Al gobierno que supo ceder a pesar del gran poder que tiene. A la menguada oposición que no cejó en su empeño por renunciar al mando civil en la seguridad pública del país. A los miembros de las organizaciones no gubernamentales que voluntariamente dedicaron su tiempo para convencer de la conveniencia de un mando civil de la Guardia Nacional. Lo que vimos la semana pasada fue un ejemplo de que la democracia representativa y liberal sí funciona para mejorar nuestra civilización. Enhorabuena.

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