El Presidente rectifica

Jorge Fernández Menéndez

20 de Diciembre de 2018

Jorge Fernández Menéndez

El presidente López Obrador dio marcha atrás en el tema presupuestal respecto a los recursos entregados a las universidades públicas que habían sufrido un fuerte recorte, lo que a su vez había provocado todo tipo de reacciones.

Es una buena noticia por donde se lo mire: primero, porque era injusto y poco sensato que las universidades tuvieran menos recursos cuando más se las necesita (y cuando se promociona un programa tan poco sustentado como el de crear cien nuevas universidades) y porque en un ambiente político donde revisar políticas y reconocer errores es una práctica casi desterrada, que el propio Andrés Manuel no tuviera empacho en reconocer el error y pedir rectificarlo no es un dato menor, más porque no se quería abrir el paquete económico 2019 en la Cámara de Diputados para que pasara sin cambios.

Pero hay otros gestos políticos que tampoco deben pasar desapercibidos. Uno de ellos es el debate sobre la Guardia Nacional que no termina de cuajar en el propio Congreso y por la oposición de sectores de Morena.

 

La confrontación más interesante se dio entre el secretario de seguridad, Alfonso Durazo, y la diputada Tatiana Clouthier, quien fue una de las piezas centrales de la campaña, que había sido propuesta como subsecretaria de Gobernación y que repentinamente decidió dejar esa futura posición para refugiarse en la Cámara de Diputados.

 

Ante la presión, en el mejor sentido de la palabra, de Durazo para que salga la reforma constitucional que permitiría crear la Guardia Nacional y ponerla bajo mando militar, advirtiendo de que si no se aprobaba esa reforma los militares se irían retirando a sus cuarteles, una opción hoy impensable, Tatiana respondió que le preocupaba el tema, que sí quería una Guardia Nacional, pero no como se la estaba planteando porque no era lo que se había prometido en la campaña y agregó que no entendía la prisa en debatir el tema.

 

Es la primera vez en que en un tema toral para el presidente López Obrador, en una propuesta que él mismo ha defendido con intensidad, se da una divergencia pública de este nivel entre dos personajes protagónicos de su entorno. Asumiendo que para la creación de la Guardia Nacional se deben reformar una docena de artículos constitucionales y que al oficialismo no le alcanzan sus votos para una mayoría calificada, podríamos pensar que la creación de ese nuevo cuerpo será una labor mucho más compleja que lo esperado porque se tendrá que convencer a las oposiciones, pero también a todo un sector de Morena.

 

Esto es nuevo, y podría llevar a otra rectificación del gobierno (que podría llevar a crear una Guardia Nacional con las mismas características, pero con un mando militar indirecto). Pero está también el tema de Texcoco. Las obras del aeropuerto continúan y los tenedores de bonos siguen sin aceptar las propuestas del gobierno federal para su canje y se comienzan a vislumbrar las cifras multimillonarias que se tendrían que utilizar para comprar esos bonos y no construir el aeropuerto. Esa decisión, no construir Texcoco sin tomar en consideración todo lo que está involucrado en ello, ha sido algo así como el pecado original de la administración y lo que le ha generado toda una serie de problemas en cadena.

 

Si se puede rectificar en otros temas, se tendría que poder hacerlo también en éste. El problema no es construir Santa Lucía (una tarea que como habíamos adelantado le corresponderá a los constructores militares), sino la incompatibilidad de ese aeropuerto con el actual de la Ciudad de México para poder incrementar el número de vuelos. Y el otro problema es que los tenedores de bonos consideran que esa solución no es equivalente a la inversión y la utilidad que generaría Texcoco y, por ende, no la aceptan.

 

En un simple ejercicio de imaginación política es fácil calcular la suma de beneficios que generaría, con todos los ajustes que sean necesarios, rectificar en el tema del aeropuerto, lo que además no sería faltar a la palabra, sino regresar a lo que se propuso y dijo entre julio y octubre sobre el tema y que luego, inexplicablemente, se desechó.

 

Decía Confucio que “el mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas”. Es en la rectificación donde muchas veces se descubre el verdadero arte de gobernar.

 

MORALES LECHUGA

 

Conozco a Ignacio Morales Lechuga desde hace años, desde que asumió la Procuraduría del DF en 1989. Luego fue un muy buen procurador general, un gran embajador en Francia y era y es el notario público más respetado de México. La acusación que recibió de un narcotraficante colombiano que dijo que a través de una tercera persona lo tenía en su nómina para que 70 agentes federales cuidaran a su familia, es sencillamente inverosímil. El testigo protegido que declaró en el juicio de El Chapo, jamás estuvo de forma alguna en contacto con Morales Lechuga. El personaje que, supuestamente, lo estaba fue muerto hace años. No existe una sola prueba de ello y me imagino que la movilización de 70 agentes para proteger a la familia de un desconocido no puede pasar desapercibida. Pero, por sobre todas las cosas, quien conoce a Morales Lechuga sabe de su rectitud y honestidad, lo que lo ha hecho, además, tan confiable en su labor profesional.

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