Anaya y la tormenta perfecta

Barra de Opinión

28 de Febrero de 2018

Por Jorge Fernández Menendez 

Mientras este autor trata de superar los estragos de algo que parece ser una influenza de una cepa extraña, Ricardo Anaya se ha topado con algo mucho peor: la tormenta perfecta que pone a su campaña en una verdadera encrucijada.

La historia comenzó con un reportaje del Financial Times que aseguraba que la campaña de Anaya estaba estancada. El periódico británico decía que la causa eran las acusaciones de corrupción que tenía en el horizonte. Al mismo tiempo se dio a conocer el caso Barreiro que involucra a Anaya no sólo en un manejo sospechoso de corrupción (¿de dónde sacó tanto dinero un funcionario estatal de nivel medio, eso era entonces Anaya, como para comprar terrenos y construir naves industriales?), sino también, incluso, en un mecanismo de lavado de dinero con repercusiones internacionales. Anaya no deslindó bien su responsabilidad porque omitió dar respuestas a las principales interrogantes. Fue a hacer un mitin a la PGR, pero se negó a declarar ante el Ministerio Público y cuando dijo que apenas conocía, Barreiro, sufrió un golpe demoledor cuando en un video se lo ve bailando alegremente en la boda de su “compadre” Barreiro, quien, por cierto, ha visto cómo sus empresas quedaron bloqueadas por el SAT por manejos de facturas falsas y esquemas de lavado de dinero, mientras el propio empresario está huido en Canadá y se apresta a tener en su contra una orden de captura.

Pero la tormenta perfecta tiene otros frentes: Margarita Zavala será candidata independiente y se apresta a ir por los votos del PAN. Tiene una carta fundamental en su haber: además de ser una militante de siempre de ese partido y de ser la esposa de Felipe Calderón (quien cuenta con amplias simpatías dentro del panismo), era, hasta que Anaya la orilló a salir del partido, la que tenía al PAN, sin necesidad de Frente, primero en las encuestas, incluso por arriba de López Obrador. En otras palabras, si el PAN hubiera ido sólo con Margarita de candidata, no hubiera necesitado al PRD y MC, hubiera tenido todas las posiciones legislativas para sus militantes y allegados (hoy tendrá sólo la mitad, la otra mitad son para PRD y MC) y aun así estaría, por lo menos, en el mismo nivel de López Obrador, tomando en cuenta que Andrés Manuel no se ha movido en las encuestas desde fines del año pasado, precisamente cuando Margarita tuvo que abandonar el PAN ante las presiones de un Anaya que hoy tiene cerca de diez puntos porcentuales menos, con Frente incluido, de lo que tenía Margaritaantes de su salida.

Pero no es el único problema. Luego de una ardua negociación, el PAN colocó a Miguel Ángel Mancera en el número dos de su lista para el Senado, lo que a su vez ha creado problemas internos en el PAN, tanto que el exmentor de AnayaGustavo Madero, ha demandado ante tribunales la ilegibilidad del jefe de Gobierno para ese cargo. Mancera no está contento: no se siente respaldado por el PAN ni en la Ciudad de México ni en su candidatura. Lo de Madero lo ve como una traición interna, ligada, por cierto, a otro protagonista no tan secundario de esta historia, Javier Corral. Pero, además, Mancera aceptó ir con el Frente luego de que Anaya, como hizo con todos los demás aspirantes, le bloqueó la posibilidad de ir a una competencia interna por la candidatura, con una promesa implícita de que tendría un papel protagónico en el Senado y, si ganaba Anaya, en su gobierno, quizás esa jefatura de gabinete que también parecen haberle prometido a Dante Delgado.

Mancera desconfía hoy de esas promesas, por eso no renuncia al Gobierno de la Ciudad de México, por varias razones: primero, por el movimiento que hicieron en la Asamblea Legislativa el panista Jorge Romero y los perredistas Leonel Luna y Mauricio Toledopara quedarse con los fondos de la reconstrucción de la Ciudad de México, quitándole los recursos al equipo encabezado por Ricardo Becerra, bajo control del propio ManceraBecerra y buena parte del comité de reconstrucción renunciaron y el jefe de Gobierno tuvo que imponer todo su poder (y quedarse en el cargo) para que la Asamblea Legislativa, a regañadientes, diera marcha atrás.

Segundo, porque Mancera entiende que su curul en el Senado es una posición suya y quiere que su suplente sea uno de sus más cercanos colaboradores, Julio Serna, para estar cubierto si él tiene que saltar a otra posición. La gente de Anaya no lo acepta y quiere poner como suplente a un panista, lo que sumado a la impugnación de Maderohace crecer los temores de Mancera de que, siguiendo una norma que muchos le achacan a Anaya, éste finalmente no cumpla el compromiso adquirido.

Ésa es la tormenta perfecta que tiene que enfrentar Anaya: una demanda por corrupción y lavado de dinero seria, en tribunales y con repercusiones internacionales; la inevitable lucha entre su propio electorado ante la aparición en la boleta de Margarita Zavala; y la creciente distancia con uno de los principales, sino es el principal, de sus aliados perredistas en el Frente. Si logra salir de la tormenta tendrá posibilidades, sino será arrastrado por ella

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