Cuando la lealtad no vale nada

JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

31 de Enero de 2018

Por  JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

Va a haber, ante el próximo cierre de esta simulación llamada precampaña, una nueva oleada de encuestas que servirán, algunas, para tener realmente una foto del momento y, otras, para satisfacer el ego de algún contendiente. Lo cierto es que todavía falta mucho para las elecciones, más allá de las tendencias que no pueden ignorarse.

Por eso, más interesante en este momento que las encuestas son los movimientos que están realizando los candidatos para pertrecharse para la hora que comience la verdadera campaña, cuando realmente se decidan las cosas, cuando no sólo existan candidatos presidenciales, sino también a gobernador, a senadores y diputados, a la innumerable cantidad de posiciones locales que están en juego. Mientras eso ocurra, ninguno de los candidatos puede presumir hoy de demasiada coherencia en su campaña, mucho menos en sus acompañantes.

Se dice que José Antonio Meade no termina de hacer contacto con los priistas; que no puede superar la dicotomía de ser una candidato ciudadano y a la vez priista, pero la verdad es que tampoco Ricardo Anaya termina de amarrar las cosas dentro del PAN y muchos panistas se quejan de que lo ven más cerca del PRD que de los azules, mientras que los perredistas lo ven demasiado conservador para un partido de izquierda. El caso de Morena es diferente: ningún otro candidato hubiera soportado la cantidad de cascajo político que Andrés Manuel ha sumado a su equipo sin inmutarse sobre su pasado, mucho menos sobre su ideología: desde Elba Esther Gordillo,y familia, hasta Greg Sánchez y Fausto Vallejo pasando por una larga lista de personajes, por lo menos, cuestionables, salvando a uno que otro valioso. A Andrés lo beneficia porque tiene espacios para colocar a muchos, ya que la estructura del partido es endeble y depende solamente de él (no hay un solo gobernador, por ejemplo, en Morena).

Muchas veces hemos dicho que el piso electoral de Morena es muy alto comparado con sus competidores, pero lo que sucede es que ese piso es casi el mismo que el techo, y esas incorporaciones, sin importar si traen desprestigio, no importa si aportan votos. Lo que se pierde en el camino es la pureza, real o ficticia, de la que siempre ha presumido López Obrador. Hoy la pureza importa mucho menos que los votos. Y si no ahí está la alianza con el PES para demostrarlo.

Tampoco veo a Ricardo Anaya con mucha coherencia en su campaña. En los hechos ha tratado de no comprometerse con nada, salvo una suma de frases genéricas que no dicen demasiado. Sus principales spots han sido de Ricardotocando la guitarra con Juan Zepeda o con el niñito del “movimiento naranja” (¿cuánta gente realmente identifica ese tema, sin duda pegajoso, con MC, con el Frente y con Anaya). No creo que sea porque Anaya no tenga propuestas ni discurso, que los tiene. Creo que no quiere comprometerse en nada porque sabe que la alianza con el PRD, programáticamente, está prendida con alfileres. En cuanto asomó la legalización de la mariguana, por ejemplo, tanto Anaya y el PAN como Alejandra Barrales y el PRD huyeron de un tema que saben que no les sumará nada y que puede dividirlos.

Meade ha tenido el acierto de reunirse en estos días con Manlio Fabio Beltronesy con Miguel Osorio, pero la tensión en el PRI es muy grande. A diferencia de Morena, allí no hay tantas posiciones para repartir (algo similar, lo que sucede en el PAN donde tendrán que compartir posiciones con PRD y MC), hay muchos grupos de poder diferentes y las tensiones para la elección de candidatos a gobernadores y legisladores son altísimas.

No queda claro aún si los gobernadores priistas están realmente jugándose con su candidato o si están esperando a ver cómo están los equilibrios de fuerzas y las candidaturas para tomar una determinación (otra vez exactamente lo mismo que ocurre con la mayoría de los gobernadores panistas). Me llama profundamente la atención que no se haya podido amarrar una alianza entre el PRI, el Verde y Nueva Alianza en el Estado de México, donde los tres irán por separado porque los dos últimos aseguran que el gobernador Alfredo del Mazo no cumplió con los compromisos que devinieron de la elección. Tampoco irán juntos en Chiapas, donde cada uno tomará por su lado luego de la desastrosa imposición de Albores, por más que todos, supuestamente, lleven como candidato a Meade.

Los tres candidatos no terminarán de mostrar su verdadero rostro hasta que no estén tanto ellos como los demás aspirantes que lo acompañarán en el proceso, listos y registrados, porque hoy la lealtad a una ideología, a un partido, a un candidato, no vale casi nada.

LOS FISCALES CARNALES DE AMLO

López Obrador está vendiendo paz y amor, pero sus ternas para las fiscalías demuestran todo lo contrario. En la Fiscalía General de la República, en la anticorrupción y en la de delitos electorales, en caso de ganar la elección del primero de julio, López Obrador pondría a los suyos, a los incondicionales, nada menos que a Bernardo Bátiz, a María de la Luz Mijangos y a José Agustín Ortiz Pinchetti, tres colaboradores de su equipo más cercano. No son fiscales carnales, son carnalísimos.

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